Desde hace unas semanas, en las noticias, no dejan de hablar de los neutrinos. Y hablan de ellos como los verdugos de la física moderna.
Los neutrinos, según la teoría de las partículas elementales, fueron descubiertos teoricamente en 1932. Y no fue hasta mediados del siglo XX cuando se comenzaron a recoger datos fiables de su existencia. Son partículas subatómicas sin carga, tienen un espín igual a 1/2 y por consiguiente, son fermiones
(partículas de espín semientero que no pueden encontrarse en el mismo
estado con los mismos números cuánticos). Hasta hace unos años se les consideraba carentes de masa, ya que ésta es ínfima, lo que les convierte en partículas de interacción débil, perteneciendo, así, al grupo de los leptones (leptos, que significa ligeros; no poseen interacción fuerte). Existen tres tipos, asociados a cada una de las familias leptónicas: neutrino electrónico, muónico y tauónico (y sus correspondientes tres antipartículas).
El pasado septiembre, el proyecto Opera, desarrollado en el CERN, permitió recoger los datos de que los valores asociados a la velocidad de los neutrinos eran superlumínicos, es decir, superiores a la velocidad de la luz (300.000km/s)
Según la física moderna, no es posible emitir información a velocidades más altas que c (velocidad de la luz). Al ser los datos anteriores correctos, tiraría por la borda la teoría de la relatividad de A. Einstein, y todas las teorías cuánticas siguientes que se basan en el dogma del alemán.
La comunidad física tiembla ante tal hallazgo, como explica José Manuel Nieves en ABC: http://www.abc.es/20110924/ciencia/abci-buscan-error-neutrinos-veloces-201109231904.html
Personalmente, sé que esto puede asustar, pero si echamos un vistazo a la historia de la ciencia, no es nada nuevo; hemos podido comprobar que no existe la verdad absoluta.
Me explico, hace 2000 años la Tierra era plana. Hace 500 años todos los seres procedían de Dios y nunca de la evolución. Hasta hace unos 130 años, el átomo era la partícula más pequeña.
Cada descubrimiento nuevo nos lleva a una "mejora" de las leyes fundamentales de la ciencia, y a un mayor conocimiento del universo. Los pilares de la física no se tambalean, nos han servido de base para construir el tejado.
